Entrevistas


  
  



 

Entrevista a CARMEN POSADAS
por Daniela Vilaboa y Santiago García

Crímenes y pecados

A propósito de la presentación de su libro Juego de niños, Carmen Posadas visitó nuestro país y allí le realizamos esta entrevista donde repasamos sus novelas (Pequeñas infamias, premio Planeta 1998, Cinco moscas azules) y charlamos sobre su forma de escribir, sus referentes y los temas recurrentes en sus libros, así como también la relación que su obra tiene con el cine y la fotografía.



Carmen Posadas nació en Montevideo en el año 1953, pero reside en Madrid desde 1965. Vivió también en Moscú, Buenos Aires y Londres, ciudad en la que su padre desempeñó cargos diplomáticos. La colección de relatos titulada "Nada es lo que parece" (1997) la consagró como autora de éxito entre los lectores y críticos, distinción que ya había alcanzado con la publicación, un año antes, de su primera novela, "Cinco moscas azules" (1996). Ha escrito, además, cerca de 20 libros de literatura infantil, entre ellos "El señor viento Norte", que obtuvo el Premio del Ministerio de Cultura al mejor libro infantil editado en 1984, y es autora de una decena de ensayos y además de guiones para el cine y la televisión. En el año 1998 gano el premio planeta con la novela "Pequeñas Infamias". Su obra que ha sido traducida a 21 idiomas y se vende en más de 40 países con gran éxito de público y ventas en muchos de ellos. En el año 2001 publicó "La Bella Otero" y en el año 2003 "El Buen Sirviente". En el año 2004 publicó "A la sombra de Lilith". En abril del 2006 publica su última novela "Juego de niños"



Lo primero que leímos de vos fue Pequeñas infamias, que ganó el premio Planeta, y de ahí comenzamos a leer todo el resto de tu obra. Descubrimos que todos tus personajes se conectan, justamente, por el hecho de que todos cometen pequeñas grandes infamias. ¿Vos pensás que esas pequeñas o grandes infamias que todos los seres humanos realizan son intrínsecas al ser humano o surge por la vida en sociedad?
Esa es una pregunta que yo misma me he hecho varias veces. Es un tema que siempre me ha preocupado. A lo largo de los libros he intentado darle respuesta. Yo lo que pienso es que todas las pulsiones humanas tienen unas razones muy elementales, muy antropológicas. Lo que nos hace vivir es al mismo tiempo lo que nos hace mal. Lo que nos hace buenos es lo mismo que nos hace perversos. La pulsión más importante del ser humano es sobrevivir. Si eso implica matar al que está al lado para sobrevivir, entonces uno mata. Es algo que pasa en el mundo animal y también en el ser humano. Pero la diferencia es que a veces el hombre hace el mal por tedio. Es una frase de Schopenhauer que nunca he logrado colocar dentro de una novela y que justamente dice que el hombre hace el mal por instinto de supervivencia y que cuando tiene eso solucionado hace el mal por tedio. Es algo que vemos siempre en los diarios, esos niños de buenas familias que de pronto matan a una mendiga. Matar por pura crueldad, esa es la maldad.

En Juego de niños eso se percibe en los niños. Vos trabajaste haciendo literatura infantil, ¿Cómo fue el pasaje de esa literatura a los libros para adultos? Las infamias y la crueldad también están muy presentes en los niños, ¿verdad?
A mi me divertía, como yo he escrito mucho para niños utilizar la experiencia de mi oficio para contar el lado perverso y pensé en que me iba a meter en problemas porque en España hay como una visión idealizada de la infancia. Piensan que son todos adorables, monísimos y encantadores. Algo que está muy presente también en la sociedad actual es que todo el mundo es víctima, nadie es responsable de nada, todo el mundo es una víctima. Por ejemplo, Fulanito es un psicópata, pero claro es que su papá no lo quería y su mamá le pegaba, por eso se hizo psicópata. Es una actitud que hace que nadie sea responsable de sus actos y a mí eso me parece absolutamente falso. Porque es evidente que no todo el mundo que ha tenido una infancia desgraciada se convierte en un psicópata. Los niños son seres humanos en estado puro, con todo lo mejor y todo lo peor. Hay una idealización de la infancia como un estado de bondad natural con la que yo no coincido.

¿Considerás que las malas pasiones dan más material a la literatura y al arte que las buenas?
Sí, está clarísimo. Gide decía que con buenos sentimientos no se puede hacer buena literatura. Es verdad. Cuando Dostoiesky escribió El idiota decía que era dificilísimo porque crear un personaje bueno es lo más complicado que hay. A mí me interesa el lado oscuro del ser humano, es una forma de entender mí lado oscuro. De darle explicación a todas esas cosas espantosas que me pasan por la cabeza.

Es bueno que vos escribas desde ese lugar. Es muy común asociar a las mujeres escritoras con una literatura de otra clase, donde no se exploran estas cosas.
Vivimos en una época donde todo el mundo quiere que le pasen la mano por el hombro, que los hagan sentir buenos. Da la impresión de que la gente cree que si le lee una novela de buenos sentimientos están siendo buenos.

Vos hablabas de hacer daño por tedio y eso claramente remite a la literatura policial inglesa. Donde muchas veces los crímenes son por tedio, por juego, por un desafío intelectual. Agatha Christie, o Conan Doyle, que vos citás en El buen sirviente con el cuento El misterio de los bailarines. Y también mencionás a Wilkie Collins en Pequeñas infamias. Si bien estos autores son distintos entre sí, parece haber una influencia de ellos en tu obra.
Es verdad. Yo tengo mucha influencia inglesa -acá tengo que hacer un poco de psicoanálisis barato- y en Uruguay la sociedad estaba más o menos dividida entre los francófilos y los anglófilos y se odiaban entre sí. Así los francófilos hablaban en francés y los anglófilos tomaban el té de las cinco y otras cursilerías de ese estilo. Mi madre pertenecía a los afrancesados y mi padre a los anglófilos. Las familias eran como montescos y capuletos y se detestaban hasta el punto de que había que elegir si uno era "de papá o de mamá" y yo elegí ser de papá. Entonces yo seguí toda la educación británica y de niña yo he leído toda la literatura británica y eso se nota en lo que escribo.

Lo que nos resultaba interesante que viniendo de la literatura hispana no tenías esas raíces de escritores hispanoámericanos. Así como rompías con el canon de la literatura de mujeres, también rompés el canon de la literatura hispanoamericana.
Me alegra que me digan eso. Aun así lo que yo sí tengo de literatura latinoamericana al escribir es la oralidad. En Europa no existe esa forma de escribir, que es como si te estuvieran contando un cuento. Seguramente le haber escrito para niños potenció esa manera de escribir.

También notamos que hacés literatura autoconciente en muchos pasajes. Los personajes se preguntan por el hecho de contar y que implica contar y porque cuentan las cosas. Inclusive los personajes se plantean en algún momento si uno cuando va a contar conoce el final de antemano de lo que va a contar. ¿Vos conocés el final de antemano de lo que vas a contar?
No, no lo sé. Yo soy una escritora completamente ciega con respecto a eso. Yo comienzo con una idea. En este caso era una mujer que está escribiendo una novela y que piensa que lo escribe en su novela tiene algo que ver con algo su pasado. A partir de ahí surge el resto. Entonces ahí creo al personaje de la niña y en cuanto dicen dos o tres cositas los personajes ya comienzan a actuar. Yo siempre soy cómo la primera lectora y la más sorprendida. Es angustiante pero a la vez muy divertido.

¿Y en qué momento decidís que llegaste al punto en el que querés cerrar la historia?
En este caso me costó muchísimo porque tuve que hacer tres finales, no le encontraba la vuelta. Quería que la niña acabara matando a la madre, pero me salió muy folletinesca y la borré. Luego probé otra que quedaba muy inverosímil también. Y finalmente si ella estaba escribiendo un libro pensé que ella podía decir que iba a escribir un libro que dijera que pasaba tal cosa… Y entonces surgió Cortázar.

La continuidad de los parques.
Sí, es curioso desde el punto de vista psicológico, porque yo he leído ese cuento. Yo lo he leído varias veces incluso, pero lo estaba plagiando sin darme cuenta. Se lo dí a leer a una amiga e inmediatamente me dijo La continuidad de los parques. Entonces le voy a poner el título, porque si no… Y mucha gente, que no ha leído el cuento de Cortázar, no termina de entender el significado del final.

Hace poco estuvimos en una charla que dio Siri Hustvedt y ella decía que le inquietaba la fotografía, el ver fotografías de personas. Qué veía la muerte en las fotografías. En Pequeñas infamias Chloe se negaba a mirar esa fotografía que tenía de su hermano y si bien la describía no la quería ver. Y después El buen sirviente también aparece con fuerza el tema de la fotografía. ¿Qué relación tenés con la fotografía?
Yo no sé sacar una foto ni con una cámara automática. Pero el fenómeno de la escritura siempre me ha atraído mucho. Y para El buen sirviente necesité investigar un poco el tema y averiguar que es un photoshop, como funciona y demás. Pero yo creo que la fotografía tiene algo muy inquietante y yo recuerdo que tenía una amiga en el colegio que tenía en su cuarto la fotografía de una niñita que estaba parada sobre una silla. Y me contaba que el fogonazo del flash había hecho que la niña se cayera y se matara. Es decir que la niña estaba fotografiada justo antes de morir. Nunca he escrito sobre ello pero me ha marcado profundamente. Esta idea de que la fotografía congela la realidad. En este libro también hablo de la fotografía.

En Cinco moscas azules vos decís en un momento que una persona muerta es omnipotente, es como un dios y es impune. Y ocurre algo parecido en relación a la escritura, uno es omnipotente y a la vez también es impune. Y también tiene eso de la fotografía, de detener el momento. En Juego de niños la imagen final queda detenida también.
Qué bueno, eso es lo que quería yo, que fuera una imagen final y quedara lo más ambigua posible, que cada uno interpretara lo que quisiera. Me quedo muy contento cuando alguien hace la lectura de lo que yo escribí, que interpreta mi intención inicial. Pero muchas veces otra interpretación es igual de buena, porque un libro no es ya de su autor sino de los lectores. Si uno lee un mismo libro en dos momentos de la vida el libro nos dice dos cosas distintas. Eso es distinto a lo que ocurre en el cine, donde la propuesta es más cerrada. La del libro es más abierta.

En literatura uno construye las imágenes. Además, en el cine las modas de la época en que se hizo el film se notan, no importa en que año transcurra, en cambio en la literatura los peinados o los rostros pueden ir cambiando con los años. El cine las imágenes ya están hechas.
Eso es cierto, no lo había pensado así.

Ya que pasamos por el cine… En Pequeñas infamias hay muchas citas a películas, desde títulos muy famosos como El graduado o La naranja mecánica y títulos no tan conocidos como Fedora de Billy Wilder. No son pocas las citas, son muchas y nos gustaría saber el motivo de esa utilización.
Por dos razones. En primer lugar porque el escritor tiene que estar creando todo el tiempo una complicidad con el lector y hoy día la complicidad se genera mucho más fácilmente con el cine que con la literatura. Porque los lectores conocen más películas que libros. Mi hija es universitaria pero no sabe muy bien quien es Ulises. Si yo cito Mujer bonita todos saben de que hablo, pero si dijo Ulises el de los pies ligeros pierdo esa complicidad. Y por otro lado, desde que existe el mundo de la imagen la literatura no tiene más remedio que modificarse. Hoy día yo no puedo pasarme cuatro páginas describiendo una tetera como podría haber hecho en su momento Balzac porque pierdo a todos los lectores. La literatura tiene que asumir parecidos con el cine, trasmitir imágenes a otro ritmo.

En tus novelas hay muchos crímenes especulares. Situaciones que de alguna manera los personajes repiten o traen al presente para resolver al pasado. ¿Pensás que es así?
Sí. Yo en muchos momentos de mi vida tuve la sensación de que el destino tiene sentido del humor y que además es cruel. Tienes la sensación de que va a pasarte lo mismo que a tu padre que la historia se repite. Ese es uno de los temas del libro, contraponer por ejemplo lo que decía Borges de que al destino le gustan las simetrías y los leves anacronismos y Shakespeare decía todo lo contrario, que la vida es una historia contada por un loco llena de ruido y furia que no significa nada. Entre estas dos teorías está la teoría Julio Iglesias, que dice la escritora en el libro, de "a veces sí, a veces no" (risas). Siempre me gusta hacer esos juegos un poco iconoclastas de poner a Julio Iglesias con Shakespeare. Yo intento desacralizar permanentemente la escritura. Yo tengo unos colegas que le dan demasiada importancia a su profesión, yo prefiero reírme de mí misma. La literatura necesita desacralizarse. En España los programas culturales son tan aburridos y están enfocados a una minoría ínfima. Una minoría que es un bodrio, yo no quiero pertenecer para nada a ese grupo.

Tanto en el cine y literatura hay una utilización de los hechos reales para contar historias. ¿Creés que hay autores que le tienen miedo a la ficción?
Hace poco en España se publicó una novela que se llama Soldados de Salamina. Y todos están asombrados diciendo "Oh, qué gran descubrimiento" la utilización de un hecho real… Es cómo si no hubiera visto ese recurso nunca antes. Yo creo que la literatura se está reinventando pero a la vez se está repitiendo. Lo que hizo Truman Capote en su momento también lo había hecho Stendhal. La literatura nunca es una copia de la realidad, porque si tu copias la realidad tal cual es algo que no se puede leer. La literatura siempre es una reinvención de la realidad, una impostura. Se pueden tomar hechos reales, siempre se escribe, además, sobre la realidad, pero todo es mentira.

En los libros también hablás del verosímil. Qué es verosímil en los libros y que es verosímil en la vida. Un libro tiene licencias, pero no podés escribir cualquier cosa. Muchas veces un género te permite un verosímil particular.
En la vida normal las alfombras no vuelan, pero sí tu lo cuentas bien, vuelan. Esa es la magia de la literatura, hacernos creer esas cosas.

¿No hay en el lector actual cierto desprecio por el hecho fantástico, cierto desprestigio de esa clase de historias?
Siempre a la gente le gusta saber que hay de verdad en lo que se cuenta y siempre preguntan: ¿Es autobiográfico? ¿Usted se lleva así con sus hijos?

Pero vos también ponés ciertos elementos que juegan con tu realidad.
A la gente le fascina pensar que todo es realidad. Por ejemplo en El Quijote se habla de alguien que dice haber encontrado un manuscrito… y eso le da verosimilitud. El manuscrito es el truco más antiguo que existe.

Vos muchas veces también decís "leí alguna vez" y ahí ponés una frase tuya.
Es que eso le da verosimilitud. Todo es un gran engaño, una gran mentira, lo que tienes que lograr es que suene creíble. Decir que lo leíste o alguien te lo contó… eso siempre ayuda.

¿Estudiás para escribir tus novelas?
Sí, en algunas más que en otras. Yo tengo una biografía de la Bella Otero que me llevó un año y medio de investigación. Carolina Otero era un personaje que había fallecido hacía relativamente poco tiempo y había gente viva que la había conocido y era muy divertido, cómo un trabajo de detective.

¿Y al mismo tiempo escribías?
Al principio no, pero cuando reuní suficientes elementos sí. Con este nuevo libro he tenido que leer mucho, libros de medicina, psicoanálisis… pero como dice la escritura en el libro hay que desaprender. Porque si no lo haces al final tienes demasiada información.

¿Y cómo sabés cuándo pasar de la investigación a la escritura?
Llega un momento en que hay que decir basta. Es muy divertido investigar. Más o menos uno sabe cuando ya ha reunido la información. Escribir tiene muchas cosas angustiantes y una de ellas es no saber de que estás hablando. Igual podés seguir investigando, pero ya empiezas a escribir.

¿Y cómo llegaste a convertirte en escritora?
Por varias cosas. En primer lugar yo era una niña muy tímida en una familia donde todos eran brillantes. Mis hermanas eran monísimas, y siempre contaban unos chistes muy graciosos y cantaban unas canciones maravillosas y a mí nunca se me ocurría nada (risas). Entonces yo iba a mi cuarto y escribía. Mi padre era un gran lector. Una de esas personas capaz de aprender ruso para leer a Tolstoi, una raza que ya no existe. Era muy introvertido por su educación inglesa y su forma de conectarse con nosotros era leyéndonos historias. Una vida rodeada de libros, de cuentos e historias. Me decidí a escribir cuando tenía quince años. Empecé con un cuento… pero luego dejé. A los 23 años ya tenía dos niñas así que ahí me pregunté que iba a hacer y decidí dedicarme a la literatura. Empecé escribiendo para niños y luego tardé mucho en pasarme a otra clase de literatura, porque sentía que ese era el terreno de mi padre. Una herejía. No me atrevía a hacer algo que no fuera literatura infantil.

Uno de tus personajes "dice que leyó" (risas) "que los hombres son sistemáticos y concentrados en su trabajo y las mujeres son multiactivas. ¿Vos cómo escritora cómo sos?
Soy multiactiva. Doy conferencias, viajo, voy a mesar redondas y muchas actividades. Escribir es muy introspectivo y luego la promoción del libro es, desgraciadamente, todo lo contrario.

¿Tenés un ritmo de trabajo?
Empiezo a pensar el siguiente libro cuando termino de promocionar el que publico. Cuando estás escribiendo una novela, no importa lo que hagas, estás todo el día trabajando. No dejas de pensar nunca en el trabajo y en la novela que escribes.

OBRAS DE CARMEN POSADAS

NOVELA
- Juego de niños (Planeta, 2006)
- El buen sirviente (Planeta, 2003)
- La bella Otero (Planeta, 2001)
- Pequeñas infamias (Planeta, 1998)
- Cinco Moscas azules (Planeta, 1996)

RELATOS
- Literatura, adulterio y una tarjeta Visa platino (Planeta, 2007)
- Nada es lo que parece (Alfaguara, 1997)

NO FICCION
- A la sombra de Lilith (Planeta, 2004)
- Por el ojo de la cerradura (Temas de Hoy, 2002)
- Un veneno llamado amor (Temas de Hoy, 1999)
- El síndrome de Rebeca (Temas de Hoy, 1998)
- Quién te a visto y quien te vé (Temas de Hoy, 1991)
- Yuppies, Jet Set, La Movida y otras especies (Temas de Hoy, 1987)

INFANTIL JUVENIL
- Dorilda (Alfaguara Infantil, 2000)
- El mercader de sueños (Alfaguara)
- El señor Viento Norte (SM)
- Kiwi (SM)
- Liliana, bruja urbana (Fondo de Cultura Económica, 1995)
- Maria Celeste (Fondo de Cultura Económica, 1993)
- Padres padres (Espasa Calpe, 1993)
- Cuac (Destino Infantil & Juvenil, 2004)







 

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