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CRIMENES OSCUROS, de Kiyoshi Kurosawa

ROJO PROFUNDO | por Santiago García

El cine de terror japonés recorre el mundo y ya se han realizado varias remakes de esos films en Estados Unidos. Muy alejadas de esa moda y de esos productos no siempre interesantes, se encuentran las películas de Kiyoshi Kurosawa, director de Crímenes oscuros, un autor que logra aunar género y estilo en una serie de películas que demuestran que el talento bien aplicado funciona en cualquier formato.



Los primeros tres planos del film le alcanzan a Crímenes oscuros (Retribution/Sabeki, 2006) para anunciarse y definirse como una película con un verdadero autor detrás de cámara. Comparado con el cine fantástico y de terror que se hace en el mundo, incluso en Japón, esta nueva película de Kiyoshi Kurosawa puede llegar a gustar a los espectadores o no, pero no se le puede negar su forma, su belleza y su profunda conciencia del lenguaje cinematográfico, elementos que desde hace un tiempo parecen haberse perdido dentro del género. El concepto visual fuerte, impactante, pero al mismo tiempo sereno y bello que posee el film, lo convierten sin duda en una exquisitez que no debería ser ignorada o subestimada por quienes se hallan interesados en el buen cine de género y, al mismo tiempo, en el buen cine de autor. Este film policial comienza con potencia y austeridad, cuenta la historia de un asesinato y su posterior investigación, que llevarán hacia un camino inesperado y sorprendente. Crímenes oscuros se enmarca primero en el género policial para convertirse luego en una historia de fantasmas, y lo hace con una puesta en escena que no busca los golpes de efecto fácil, sino que avanza plano a plano, escena tras escena, en la búsqueda de su cometido. Con un trasfondo casi político, el film transcurre en una parte de la ciudad que vive entre demoliciones y futuras construcciones jamás terminadas.

Kiyoshi Kurosawa, nacido en Japón en 1955, tiene una extensa carrera y se ha destacado por ser un autor de cine de terror y fantástico capaz de dotar a estos film de características complejas y elementos formales y narrativos sorprendentes. En un género claustrofóbico y nocturno, Kurosawa inquieta y asusta con planos generales y escenas diurnas, demostrando que se puede lograr el efecto que estos films ameritan sin caer en lugares comunes o en reglas ya agotadas para construir suspenso y terror. Kurosawa no sólo es un gran director desde lo formal y lo narrativo, sino que además deja asomar en sus films temas complejos y profundos que, si bien se hallan en todo el género, los ejemplos mediocres del cine de terror suelen reducirlos a su mínima expresión, a apenas un esbozo de idea. Algunos de los films más reconocidos de Kurosawa son: Cure (1997), Charisma (1999), Pulse (2001), Bright Future (2003), Doppelgänger (2003) y ahora Crímenes oscuros, que se suma a una filmografía extensa que parece no agotarse. En la mayoría de sus films aparece el actor Kôji Yakusho, aquí también protagonista exclusivo, quien actualmente se ha convertido en un actor de fama internacional mediante sus apariciones en Memorias de una geisha y Babel. Yakusho ha sido siempre el rostro ideal para los torturados y ambiguos personajes duales de los films del realizador.

¿Qué es un film de terror sino una obra que habla de nuestro temor a la muerte? En una película de este género se pueden elegir distintos tipos de miedos e inquietudes. En un film de terror gore, ellos son la destrucción del cuerpo y el dolor físico; en un film de vampiros se habla del deseo de inmortalidad como una maldición; en un film de zombies, de la supresión de la conciencia y la identidad; y en un film de fantasmas, tal vez los mejores del género y al que Crímenes oscuros pertenece, estaremos hablando de muchos temas al mismo tiempo: la culpa por los actos realizados o no realizados, la incapacidad que todos tenemos de asumir que hay cosas o personas que ya no están y que se han ido para siempre, el deseo imposible de restituir un orden que ya ha sido quebrantado. Es por ello que toda buena historia de fantasmas empieza con terror y termina con tristeza. Porque sus temas transcurren en esa fina línea que divide a la vida de la muerte, a la cordura de la locura, a lo que es de lo que ya nunca será. Crímenes oscuros es un buen film de terror no sólo porque logra asustar, sino porque reconoce con precisión qué cosas realmente nos asustan, nos inquietan y, nos guste o no, nos demuestra que éstas nos acompañan en nuestra vida cotidiana.





 

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