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ADF, de Paola Rizzi

HISTORIA DE LA LUZ | por Santiago García

Conmemorando sus primeros diez años de existencia, la ADF –Asociación Argentina de Autores de Fotografía Cinematográfica- editó este novedoso libro que recorre la historia de los directores de fotografía argentinos y da cuenta del estado actual de la profesión y su trabajo



Los espectadores se sientan en la sala de cine y ven una película -que puede gustarles más o menos-; luego pueden hablar acerca del guión, de los actores, y del director, en caso de que sea reconocido. Y aunque muchos alcancen a valorar la fotografía del film, es, sin embargo, una tarea sólo de los especialistas el recordar el nombre de su director de fotografía. No es algo trágico, el director de fotografía hace muchísimo por la calidad de una película, a todo nivel, no sólo en el formal. Pero su bajo perfil es, muchas veces, una condición valiosa para su profesión. Un buen fotógrafo es consciente de que su trabajo debe pasar desapercibido. Sin embargo, para el ojo entrenado y para el experto, esos trabajos más o menos sutiles, más o menos funcionales al todo, siempre pueden ser valorados en su justa medida. Los directores de fotografía existen, y no empezaron a existir en la última década, como tampoco el cine argentino empezó hace una década, ni hace cinco. Es por ello que uno de los valores más notables del presente libro está en recorrer con nombres, historias e imágenes toda la historia del cine nacional. Parece una obviedad decir que el cine argentino ha tenido desde siempre grandes maestros fotógrafos, pero para la mayoría de los espectadores -y lamentablemente para muchos que dicen llamarse críticos argentinos o cineastas- esto no es así. La historia del cine argentino ya era grande (y más grande que ahora) en la década del 30, y lo fue más en la del 40 y parte de la del 50. Pero cuando los estudios cayeron, los directores de fotografía pudieron conservar una de las cosas más valiosas del cine clásico: su luz. Nadie que diga conocer al cine argentino debería olvidarse de John Alton en los comienzos -que luego pasaría a trabajar junto a Vincente Minnelli-, trabajando con Luis Saslavsky (la foto que ilustra esta nota es Puerta cerrada, de 1938), o de Antonio Merayo, que pasó del cine clásico al moderno adaptándose a nuevos estilos sin perder calidad. La lista es grande, como lo es el trabajo de todos los directores de fotografía. También cabe decir que en Argentina las mujeres han logrado abrirse paso mejor que en otros países dentro de esta profesión, tal como lo demuestra el trabajo de las actuales directoras de fotografía que trabajan en el cine hoy en día. Todo es parte de la historia y gran parte de esa historia figura en esta obra, que en definitiva sirve para valorar un poco más la calidad de nuestro cine.





 

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