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BAÑEROS 4: LOS ROMPEOLAS, de Rodolfo Ledo

EL HORROR, EL HORROR | por Santiago García

Otra entrega de la pavorosamente mala saga de Los bañeros. Cómo récord insólito, esta tal vez sea la peor de todas. Tengan cuidado.



Cinco minutos alcanzan para descubrir la combinación de elementos que hace que Bañeros 4: los rompeolas se convierta en una experiencia insoportable. ¿Por qué motivo un ser humano permanece en la sala para ver todo lo que sigue? Todo es particularmente berreta, pero sin el encanto del un cine clase B. La calidad de las imágenes, lo insufrible de las situaciones, el estilo de actuación que sería malo aun en un sketch de segundo línea de televisión, todo conspira contra la tolerancia del espectador. En pocos minutos se vuelve a recuperar también el estilo onanista, donde los protagonistas hacen chistes con respecto al cuerpo femenino que hace cuarenta años ya eran insultantes. Todo está mal en la película. No es aceptable la excusa de que se trata de un entretenimiento pasatista. No es pasatista destrozar el cerebro humano con este insulto pseudo cinematográfico. Algunos actores hacen un esfuerzo más sincero por producir humor, otros están entregados a un humor de estudiantina. Dirección de arte y vestuario son tan malos que hasta se han ganado una oración destacando lo horrible que son. El cine argentino ha dado mucho cine popular y divertido, no es excusa alguna ser popular o divertido para arremeter de esta manera contra el lenguaje del cine. El humor es agresivo, es inusualmente violento, como lleno de enojo. Algunos de los varios malos comediantes que aparecen en la película no solo no son graciosos, sino que están cargados de gran agresividad. En ese aspecto esta película es la más molesta de todas las infames películas de los bañeros que se han hecho hasta la fecha. La taquilla que ha tenido esta película amenaza con más, pero creo que ya nadie debería acercarse a verlas. La cereza del postre es la doble presencia de las publicidades dentro de la película. Por un lado, con largas secuencias sin sentido para mostrar alguna marca, y por el otro la presencia de toda clase de productos en planos también ridículos para cerrar los canjes que han tenido con cada una de las marcas. Donde no hubo canje, las marcas están forzadamente borradas. Nunca hubo una película buena de Bañeros. El haber hecho un culto de esta clase de sub productos es lo que le abrió la puerta estas cosas. ¿Por qué estas películas son consideradas para chicos? Otro misterio a resolver. Una buena noticia es que hay muchos gags con animales, lo que nos ahorra algunos minutos de diálogos humanos que son una tortura. Hay algunas escenas malas, otras pésimas y otras, sinceramente, incomprensibles.





 

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