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MISIÓN: IMPOSIBLE, de Bruce Geller

MISION: IMPOSIBLE (1966-1973) | por Santiago García

Una de las series claves de la historia de la televisión, convertida en objeto de culto y finalmente en una exitosa saga cinematográfica.



Misión: Imposible ocupa un lugar fundamental en la historia de las series. No sólo marcó una época sino que además sirvió de modelo a muchas otras series y se convirtió a partir de la década del noventa en una de las sagas cinematográficas más populares del cine contemporáneo. La estructura era muy clásica y se repitió casi sin diferencias a lo largo de las siete temporadas. Solo unos pocos capítulos eran realmente diferentes o representaban algún tipo de cambio. No es necesario verla con continuidad porque, salvo cuando había un capítulo doble (o incluso triple), la serie tenía aventuras que empezaban y terminaban cada vez. Aunque se mantuvo muy parecida durante las siete temporadas, hubo cambios de elenco, detalles de estructura y otros elementos que trataron de mantener a la serie siempre atractiva para los espectadores con pequeñas evoluciones.

La idea de base es muy sencilla y se repite en la casi totalidad de los episodios. Mr. Phelps (interpretado por Peter Graves, líder del grupo desde su aparición en la segunda temporada) recibía una misión. Solía hacerlo con una carpeta y un pequeño reproductor de cinta abierta. La voz en la cinta saludaba a Phelps, le explicaba la misión y, en la mayoría de los casos, decía “la cinta se autodestruirá en cinco segundos”. En muchos episodios también dice que en caso de que algún miembro del equipo muriera o fuera capturado, se negaría cualquier vinculación con el mismo. Pero eso dejó de aparecer en las últimas temporadas. Todos los episodios tenían una misión concreta, con muy pocas excepciones, donde algún conflicto personal o la captura de alguno de los agentes alteraban la lógica de la serie.

Posiblemente el legado más poderoso de la serie es su tema musical. El músico argentino Lalo Schifrin compuso la inmortal música de la serie. Los títulos de Misión: Imposible también han pasado a la posteridad, asociados a esta partitura. Una mano con un fósforo encendía una mecha que se iba consumiendo mientras un montaje al ritmo de la música de Schifrin mostraba escenas del capítulo. Este vértigo de los títulos era mucho mayor que el de la propia serie y se asemejaba mucho más a lo que se puede ver hoy. Sin duda este comienzo fue uno de los grandes hallazgos que las siete temporadas tuvieron. Pero no siempre fue igual. No solo hubo variaciones en los arreglos musicales, sino que además cambió el lugar que ocupaba en la narración. Si en un comienzo abría la serie, con mucha lógica esta secuencia se presentaba luego del prólogo.

Aunque hoy parezca increíble, la primera temporada no tuvo a Peter Graves como protagonista. Sí, así como leen, el famoso Mr. Phelps no estaba. Mr. Briggs fue, durante la temporada uno quien comandaba la misión, recibía instrucciones y elegía al equipo. El actor Steven Hill tuvo diferencias con los productores de la serie y no renovó para la segunda temporada. Una nota curiosa: Steven Hill trabajó con Tom Cruise en 1993 en la película Fachada. No sería una locura que de charlas entre ambos hubiera surgido el interés de Cruise por hacer la versión cinematográfica de la serie. Además de Hill, en la primera temporada estaban Greg Morris (Barney Collier, experto en tecnología), Martin Landau (Rollin Hand, experto en disfraces), Barbara Bain (Cinnamon Carter, la única mujer del grupo) y Peter Lupus (William Armitage, encargado de los trabajos físicos). Hoy es muy difícil disfrutar de esa primera temporada de la serie sin la presencia de Graves.

Las que realmente son las temporadas más importantes y más representativas de la serie son la segunda y la tercera. El elenco se mantiene, salvo por el fundamental cambio de jefe. Mr Phelps (Peter Graves) entra en escena sin explicación alguna, simplemente está al mando y nada más. Esta clase de recursos son típicos de la serie. Porque uno de los elementos más originales e interesantes era que los agentes protagonistas no tenían psicología alguna. Nada sabíamos de ellos, nada era importante excepto la misión. No se peleaban entre sí, no enojaban, nada los sacaba jamás de su eje. Aceptaban la misión, la realizaban y se iban. De hecho la mayoría de los episodios terminaban así, con el equipo abandonando el lugar luego de terminar la misión. Una imagen congelada del vehículo en el que se iban era el cierre más habitual. Pero si se trata de Misión: Imposible en estado puro, estas son las dos temporadas claves: Segunda y tercera.

Los villanos solían dividirse en grupos más o menos reconocibles. Estaban los agentes enemigos de la Guerra fría, es decir la Unión Soviética y Europa del este, y las fronteras entre ambos bandos también eran un desafío habitual. También estaban las organizaciones mafiosas puras, es decir gángsters. Había criminales de guerra nazis que habían escapado y planificaban retomar de alguna forma el poder. Muchos de estos criminales se refugiaban o se habían refugiado en Latinoamérica, incluyendo, claro, Argentina, que había sido noticia por su vínculo con estos criminales. Y finalmente, las republiquetas bananeras absurdas, algunas lamentablemente no tan alejadas de la realidad, otras completamente disparatadas. Y el disparate posiblemente sea la marca de la serie. Y ahí es donde está la clave de la construcción bidimensional de los personajes. A esas máquinas de espionaje que son los agentes, se le contrapone toda clase de personajes ridículos, exóticos, con carácter irascible, malvados, manipulables a la larga, víctimas del trabajo de los protagonistas. Para las cosas más simples, los planes más ridículos. Claro, ese era el encanto. Para los agentes de Misión: Imposible, la línea recta nunca es una opción, siempre tienen que llegar desde otro lugar. Las máscaras eran un elemento clave de la gracia de la serie. Disfraces, máscaras, toda clase de trucos, aun con las limitaciones técnicas de aquella época, eran moneda corriente en cada capítulo. Otro punto clave eran los “falsos viajes”. Al villano le hacían creer que viajaba en camión, avión o incluso submarino, cuando en realidad nunca salía de una galpón. También se fingían países ¡Y hasta años completos! Estos capítulos eran de los más divertidos, claro.

Luego del esplendor de las dos temporadas mencionadas, Barbara Bain y Martin Landau –matrimonio en la vida real- no arreglaron un aumento en los contratos y dejaron la serie. Ambos protagonizarían, años más tarde, otra serie, esta vez de ciencia ficción, llamada Cosmos 1999. En cuando a su salida de Misión: Imposible , una vez más, no se dio explicación alguna. No hubo otro actor interpretando el personaje, sino que aparecieron otros personajes. En lo que sería el reemplazo no oficial de Landau, aparece Leonard Nimoy interpretando a Paris. Nimoy, ya tenía una profusa carrera en televisión y venía de protagonizar una serie de ciencia ficción que solo había tenido tres temporadas. Esa serie era Viaje a las estrellas (Star Trek) que se convertiría con los años en una de las series de culto más importantes de todos los tiempos. Con respecto al personaje femenino no hubo tanta suerte y Bain, lejos la mejor agente femenina que tuvo la serie, fue reemplazada por diferentes mujeres que aparecieron a lo largo de toda la temporada, no necesariamente en el rol de agentes. Le costó a la serie encontrar una vuelta en ese aspecto. Como gracia de la temporada cuatro, hay que mencionar que en el episodio 20 usan un drone. Algo primitivo en su funcionamiento, pero drone al fin.

En la quinta temporada se incorpora una actriz fija, Leslie Ann Warren, en el personaje de Dana Lambert, lo que le aporta un costado juvenil a una serie que se fue volviendo algo vieja para la época. Pero no fue el único cambio. Entre los villanos aparecieron personajes más jóvenes y también temáticas y universos más cercanos a la juventud. No dejaron en ningún momento de aparecer actores invitados de toda clase, algunos verdaderas leyendas de Hollywood clásico, otros jóvenes actores que se volverían luego famosos y también rostros recurrentes de actores de televisión. Hay que recordar que se filmaba todo en estudios, tanto interiores como exteriores, y que en los mismos estudios había otras series, por lo cual los actores invitados rotaban por varias series. Una curiosidad extra es que como los capítulos eran unitarios, los actores volvían en diferentes episodios interpretando a otros personajes. En la quinta temporada también aparece el personaje de Doug Robert, interpretado por Sam Elliott, quien trabaja de forma intermitente a lo largo de la temporada. Los intentos de generar sentimientos en los personajes para que no sean como robots no mejoran la serie. De hecho el intento de modernizarse convierte a la quinta temporada en la menos interesante de todas.

La sexta y la séptima temporadas son intentos de retomar el camino original. Desde lo visual se nota el paso del tiempo y un mejoramiento de la técnica. La actriz protagonista es Lynda Day George, quien tiene gran presencia en la sexta temporada. Leonard Nimoy se va, como siempre, sin dar explicaciones. También Sam Elliott se retira pero al comienzo de la temporada, en el episodio 2. En la séptima temporada Lynda Day George, que estaba embarazada, solo trabaja en la mitad de los capítulos. Acá si, y por primera vez, se explica su ausencia hablando de una misión en Europa. Su reemplazo parcial es Barbara Anderson, que interpreta a la agente Mimi Davis. El último capítulo termina como si nada. No hay ni cierre, ni despedida, ni conclusión. Es una misión y más y la serie se despidió, luego de siete temporadas, sin dar explicación alguna. Misión: Imposible ganó 15 premios, en una época donde había menos premios, hay que recordarlo. Entre estos premios hay que incluir el Emmy a mejor serie dramática, tres veces seguidas Barbara Bain mejor actriz y Peter Graves una vez mejor actor. Ganó Lalo Schifrin un Grammy por la música.

En la década del 80 la serie volvió con dos temporadas, producidas en Australia, con Peter Graves en el rol protagónico de Jim Phelps y con un elenco joven que incluía a Phil Morris, el hijo de Greg Morris en la vida real y en la serie. Greg Morris y otros actores de la series original hicieron apariciones especiales en esas dos temporadas, así como varios actores secundarios. Los guiones de cuatro capítulos originales fueron vueltos a hacer, con las correspondientes actualizaciones. A pesar de los adelantos tecnológicos, esta serie hoy parece más antigua y fechada que las temporadas originales y es más una curiosidad que algo que valga la pena ver. Quienes amen la serie van a estar siempre mucho más felices con las películas que produjo Tom Cruise, que luego de un cierto alejamiento de las ideas de la creación de Bruce Geller, terminó demostrando verdadera lealtad a muchos de los elementos más importantes que la serie tuvo. Está autorizado el lector, si acepta la misión, a tararear la música de la serie a partir de este momento. Y recuerden: esta cinta se autodestruirá en cinco segundos.





 

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