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HOUSE OF CARDS TEMPORADA 4, de Beau Willimon

ESCENAS DE LA POLÍTICA CONYUGAL | por Santiago García

La cuarta temporada de la popular serie de Netflix repite sus virtudes y profundiza sus conflictos. Frank y Claire Underwood pasan por sus peores crisis. La siguiente nota no revela elementos de la trama.



House of Cards es una de las series favoritas del mundo entero. Una revolución desde el punto de vista de la difusión, ya que es una producción de Netflix que ha logrado marcar una nueva tendencia en el consumo de series. Estrenada en streaming y con los 13 capítulos de cada temporada juntos cada vez, marco un antes y un después en el gusto de los espectadores para elegir que ver. Su éxito indiscutible la ha convertido en uno de los títulos más comentados de la actualidad. La serie se basa en la miniserie británica del mismo nombre, basada a su vez en los libros de ficción escritos por Michael Dobbs. Aquella miniserie estrenada en 1990 y conformada por cuatro episodios tuvo dos secuelas, To Play the King (1993) y The Final Cut (1995). Un primer dato curioso es que en la Temporada 4 de House of Cards (Estados Unidos, 2013-actualidad) parece retomarse algo de la influencia de aquella miniserie.

House of Cards cuenta, para aquellos que aun no lo saben, la historia de Frank Underwood y su esposa Claire. Underwood es un congresista demócrata jefe de la bancada. Cuando el electo presidente le dice que no podrá darle el cargo prometido, Frank y su esposa empiezan un maquiavélico plan para ascender en el poder. No contaremos nada de las vueltas de tuerca de las primeras temporadas, pero si no vieron ninguna de ellas, igual todo el centro de la cuarta temporada queda expuesto desde la publicidad. Por supuesto, mucho menos se contará acá de las claves de la trama de la temporada 4.

Desde su origen, House of Cards tiene una clara inspiración en Ricardo III de William Shakespeare (algo que se nota aun más en la miniserie británica). Las intrigas de poder y el personaje monstruoso pero carismático que busca la complicidad del espectador hablando a cámara y demoliendo la cuarta pared. Esto último es bastante raro para un material indiscutiblemente dramático. Sin embargo, ese toque de humor, bastante más ausente en la temporada 4, era una de las herramientas que mejor sirvió para el éxito de la serie.

En esta temporada encontramos a Frank Underwood en la cima del poder, pero vienen las elecciones y hay que superar los problemas de las internas y luego la competencia por la presidencia de los Estados Unidos. El control de armas, el terrorismo, el poder de la prensa, los habituales acuerdos en la oscuridad, todos los elementos que entran y salen de la serie y que uno espera cuando se sienta a ver House of Cards.

Pero desde el primer minuto, y tal cual vimos en la temporada 3, el gran frente al que tiene que enfrentarse Underwood es su propio matrimonio. La crisis con Claire es una de las líneas más importantes de estos 13 capítulos y corre en paralelo con las cosas mencionadas. Se suma la madre de Claire, Elizabeth, interpretada por la legendaria actriz Ellen Burstyn. La sordidez en el retrato del mundo del poder, no es tan impactante como sí lo es la sordidez con la que la serie retrata la vida privada del matrimonio Underwood.

Para muchos, House of Cards ya ha dicho todo lo que tenía para decir y solo se repite en su esquema. En ese aspecto, la serie finalmente se manifiesta como tal. Las series suelen ser la repetición de su esquema durante años. Claro que al ser una serie actual, muchos le exigen que tenga una sola gran línea dramática sin repetirse todo el tiempo. Pero no quedan muchas más cosas para inventar en House of Cards, excepto encontrar formas ingeniosas y divertidas de plasmar su visión del mundo de la política. Tampoco hay referencias relevantes a la contienda electoral actual en los Estados Unidos, aunque de manera inquietante algunos detalles parecen inspirados en la política argentina.

Hay algo bastante demagógico y populista en la idea de House of Cards de describir todo como algo podrido sin salvación y que las redes del poder son tan claras y ordenadas. Lejos de inquietar, House of Cards tranquiliza al espectador, lo invita a resignarse y a no creer en nada. Muchos más interesante es cuando nos preocupamos por el bien de Frank y le deseamos que las cosas le salgan bien. Es en ese momento incómodo y perverso que la serie se vuelve un poco más complicada.

Un gran mérito de esta cuarta temporada es la forma en que logra que aparezcan muchos, más de los que uno podía calcular, personajes de las temporadas anteriores que parecían olvidados o descartados por la historia. También la forma en la cual lo que parece un tema urgente a resolverse en uno o dos capítulos, consigue extenderse e incluso no resolverse. Quien vea los 13 capítulos juntos, notará algún que otro estiramiento, quien los separe un poco más, tal vez disfrute mucho con las postergaciones tan melodramáticas que la serie sabe construir.

No faltan sorpresas ni giros de la trama, pero esta temporada 4 empieza a mostrar algunas líneas que podrían ser el camino final de los Underwood. Porque sí, ya no se trata solo de Frank, el personaje de Claire ha ido creciendo hasta convertirse ambos en protagonistas. Menos humor, cercos que se cierran, fantasmas del pasado y la presencia de la muerte como nunca antes, son elementos que podrían comenzar a anunciar que tal vez la quinta temporada sea la última. O tal vez no, porque la serie termina con tanta energía y fuerza que es imposible saber hasta dónde llegará, lo mismo que ocurre con Frank y Claire Underwood.





 

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