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BORGEN, de Adam Price

EL PARLAMENTO ES MUJER  | por Santiago García

Gran drama político realizado en Dinamarca que parece inspirarse en los valores del cine clásico norteamericano.



Borgen es una serie danesa de tres temporadas con diez capítulos cada una. Se estrenó en el año 2010 en su país y el último capítulo data del año 2013. Borgen es el nombre con el cual se conoce al Parlamento de Dinamarca, lugar de trabajo del primer ministro también. Toda la serie transcurre en ese ámbito, así como también en el mundo de la prensa, tanto diarios como canales de televisión, en todo lo relacionado al mundo de la política.

La protagonista de la serie de este drama político es la aspirante a primer ministro Birgitte Nyborg, interpretada de forma magistral y carismática por Sidse Babbet Knudsen. No es la única aspirante, y a lo largo de los treinta capítulos veremos acuerdos, traiciones, alianzas efímeras y lealtades duraderas. Todo desde una mirada de la política con un tono realista y verosímil, más allá de las situaciones que describe y sus resoluciones, como iremos viendo a lo largo de las tres temporadas.

En Argentina Borgen ha tenido cierto prestigio desde hace años, pero sin duda la declarada admiración que ha declarado en repetidas ocasiones el presidente de la nación, Mauricio Macri, lo que la ha vuelto un objeto de interés para muchos. Cualquier excusa es buena si detrás de las recomendaciones hay una buena serie. Borgen es una serie que merece ser más conocida. En la actualidad, la serie de intrigas políticas más famosa es House of Cards, muchos, incluso el mencionado mandatario argentino, han comparado ambas series. Es casi imposible no hablar de la serie de Netflix que ya anunció una quinta temporada. Pero las comparaciones a veces terminan por generar críticas injustas a series que no tienen los mismos objetivos. House of Cards es una intriga inspirada en una miniserie británica a su vez inspirada en Ricardo III de William Shakespeare. La serie americana juega al exceso, al humor y al cinismo de su protagonista. Tomársela como un retrato naturalista es simplemente un error. House of Cards se refugia en su discurso de que todo está podrido en el mundo de la política y los espectadores lo sabemos y nos sentimos aliviados al confirmarlo. No hay que creer en nada, son todos malos (o casi todos, para ser justos). A pesar de ser norteamericana, House of Cards es lo opuesto al imaginario de ese país en materia de cine y televisión.

Borgen, realizada en Dinamarca, va en dirección contraria. Borgen es tan americana que asombra. Tiene la moral de esa cultura, tiene personajes como aquellos que amamos ver en el cine americano. Su estilo más sobrio y naturalista, no le impide construir un relato plagado de héroes, de moral, de planteos éticos constantes con resoluciones acorde a una mirada más noble del mundo. En ese aspecto si hay una serie que se le parece un poco más no es House of Cards, sino The Newsroom, la excelente serie de tres temporadas realizada en HBO y creada por Aaron Sorkin.

A lo largo de la historia nos encontramos no con uno, sino con una docena de personajes que más allá de sus contradicciones y limitaciones, siempre terminan revelando una enorme humanidad. Una pandilla de seres salidos de una película de Howard Hawks, dotados de una fuerte moral heroica, que creen en su trabajo, que muchas veces buscan una segunda oportunidad, verdaderos profesionales en una situación de alto estrés. Junto a eso convive la inocencia convencida de los personajes de Frank Capra. La serie empieza con una frase. En los primeros capítulos las frases suelen ser de Maquiavelo, en los últimos, de Abraham Lincoln. A estos dos directores hay que sumarle el espíritu de un tercero, el mejor de todos, John Ford. La idea de sacrificio, grandeza, nobleza y visión completa que tiene la serie recuerda mucho a Ford. Acá también llegado el caso se imprime la leyenda, pero también se hacen grandes cosas en silencio, sin alardeo. Se escapa de la pompa y se abraza a lo trascendente.

Muchos dirán que la serie es un tanto inocente e idealista. Idealista seguro no es, y en cuanto a la inocencia, es discutible, porque no habla del mundo tal cual cree que es, sino del mundo como quiere que sea. Por eso también es una serie muy emocionante. Los personajes nos emocionan hasta las lágrimas en no pocos capítulos. Tanto en sus decisiones políticas como en las de la vida privada. Borgen a lo largo de sus capítulos hace convivir ambas cosas, lo público vinculado a lo laboral, y lo privado, relacionado con la pareja y la familia. El amor, el sexo, el poder, la muerte, todos temas que han sido una constante a lo largo de la historia de la humanidad están presentes en esta serie.

Hoy por hoy, y como ha sido siempre, para ser sinceros, ser cínico es el camino más fácil. Mucho más para una serie de televisión o una película. Por eso Borgen sorprende y mucho. Más aun viniendo de Dinamarca, un país de donde nos han llegado muchas películas terriblemente sórdidas y siniestras. Tal vez sea hora de revisar bien la que se hace en ese país, donde no todos están en la misma postura. Sí hay que decir que ocurren cosas terribles en Borgen, claro, porque es un drama, pero como se resuelve cada una de esas cosas da cuenta, una vez más, de la cosmovisión de Adam Price, creador de la serie, y de los que colaboraron en hacerla. Borgen es la versión en serie de todo el cine americano clásico que tanto amamos y que no siempre se hace en aquel país.





 

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