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STRANGER THINGS, de Matt Duffer y Ross Duffer

MISTERIOS SIN RESOLVER | por Santiago García

Nueva serie de corte fantástico ambientada en la década de los ochenta. Recreación del cine y la televisión de aquellos años que no se limita solo al homenaje.



Stranger Things es una serie original de Netflix que en el 2016 puso al aire una temporada de ocho capítulos. La serie está ubicada en una pequeña localidad de Indiana en 1983. La historia que se narra es la súbita desaparición de un niño en esta ciudad. Esta desaparición abre las puertas acerca de la sospecha de que el gobierno está realizando extraños experimentos en la zona. Fuerzas sobrenaturales, extrañas desapariciones, conspiraciones gubernamentales y las pequeñas historias de los habitantes del lugar son el núcleo de esta sorprendente y a la vez familiar serie.

Stranger Things decide contar estos sucesos apelando a la iconografía del cine, la televisión y la literatura de fines de la década del setenta y los primeros años de los ochenta. Desde los títulos y la música que los acompaña, son varias las referencias que la serie declara para construir su relato.

Aunque el árbol genealógico de la serie es muy amplio y los personajes, además, hablan de cine, literatura y televisión, el grueso del relato está armado sobre el universo de Steven Spielberg, John Carpenter y Stephen King. Pero quien no haya visto ni una sola de las películas o conozca las historias a las que hace referencia Stranger Things, la serie tiene un relato sobrio y clásico, con algunos detalles actuales que le permiten adaptarse a la forma de narras del siglo XXI.

Y para quienes sí se han criado viendo todas y cada una de las películas mencionadas y citadas, la serie es volver a aquellos años. Puede ser una emoción extra, pero no la esencia de la serie. Cada capítulo hace crecer el misterio sin extenderlo demasiado. Tal vez por eso se optó por un formato de ocho capítulos y no trece, como suelen tener muchas de las series originales de Netflix.

El elenco, con mayoría de actores desconocidos, es sorprendente y la presencia de algunos actores más conocidos, en particular Winona Ryder, apenas si llama la atención en un elenco donde se destacan los niños protagonistas. También es cierto que los efectos especiales, que tardan bastante en aparecer, son propios de las películas actuales y no de aquellas, aun cuando la luz y los trucos más sencillos apuntan a emular aquella simpleza tan efectiva a nivel narrativo.

Muchas series eligen otras épocas para contar sus historias y para el suspenso y el fantástico, una década previa a internet y los teléfonos inteligentes es ideal para contar una historia como esta. El clima está perfectamente logrado y cada capítulo abre las puertas para seguir con interés la serie. A su vez, y esta es la clave de la serie, se siguen las historias de todos los personajes. La relación de amistad entre los niños, la vida de los miembros de la comunidad, esos son los elementos que hacen la diferencia. Sin la sordidez desaforada de las series actuales y con la profundidad no pretenciosa de aquellas películas, Stranger Things es entretenida y emocionante como pocas series actuales. Y también es una forma de declarar que lo que está de moda no necesariamente es lo mejor. A veces, una mirada hacia atrás puede ser una pista para recordar que hay otras maneras de contar historias, no importa la época ni el lugar.





 

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