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EL REGRESO, de Bernhard Schlink

SIEMPRE ES DIFÍCIL VOLVER A CASA | por Daniela Vilaboa

A fin del año pasado, la editorial Anagrama publicó en nuestro país, y en simultáneo con España, el último libro del escritor germano Bernhard Schlink, autor de una novela que se convirtió en un clásico contemporáneo, El lector, y de la que el cine está pronto a dar su versión. En El regreso vuelve a sorprender a los lectores con una historia profunda e inteligente, narrada con el mismo dominio del lenguaje que demostró en los libros antecesores.



“Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas”.
C. P. Kavafis. Antología poética

Si tuviéramos que reducir la historia de la literatura a un solo libro y que éste a su vez pudiera representar la historia de gran parte de los hombres en una sola historia, los versos homéricos de la Odisea serían quizás el resultado más acertado de ese ejercicio reduccionista. Los veinticuatro cantos que integran el corpus del poema griego relatan la ardua empresa que acomete su héroe, Ulises, para regresar a la isla de Ítaca, así como también dan cuenta de las batallas libradas durante su partida y de la peripecia que le toca enfrentar al momento de su regreso, el último escollo de toda una serie de infortunios a los que los dioses lo someten para alcanzar sobre el final la gracia de reencontrarse con los suyos. Al héroe no le resulta fácil volver a casa.

Los ecos de Ulises resuenan en Peter Debauer, protagonista del último libro del escritor alemán Bernhard Schlink, El regreso, una novela que se inscribe en una suerte de relato, cuya matriz está dada por las aventuras y desventuras que debe sortear su protagonista en la ardua tarea de emprender la partida y, más tarde, el regreso a su lugar de origen. Si bien los fracasos y los éxitos a los que ambos personajes se enfrentan difieren por la distancia de aproximadamente treinta siglos, la batalla más ardua, la que libran contra sí mismos, es la que los emparenta.
A través de la voz –en primera persona– de un hombre atribulado, Schlink da rienda suelta a una historia, cuyo complejo entramado sumerge al lector en una experiencia altamente estimulante que responde tanto a una prosa ágil, rítmica y precisa, como a una expansiva intertextualidad, prueba de la vasta formación intelectual de su autor, quien no sólo ejerce el oficio de escritor, sino también, el de juez.

Con El regreso, Schlink deja atrás la incursión histórica-ficcional que hacía en El lector (el libro que se convirtió en best seller y lo lanzó a la fama internacional) por los años de la Segunda Guerra Mundial y la tragedia del Holocausto, y nos sitúa en una época bastante menos hostil, en un clima más conciliatorio, aunque no necesariamente sosegado: el de la post guerra y, más tarde, el de la reunificación alemana. Esos son los tiempos que atraviesa Peter Debauer, un joven que se obsesiona con la idea de hallar al autor de una novela que leyó de forma inconclusa –en unas pruebas de galera de una serie de libros populares que sus abuelos editaban durante su infancia– y de la que ansía conocer el desenlace. Ese relato trunco que lo atrapa narra la historia de un soldado que regresa a su hogar para reencontrarse con su mujer tras varios años pasados en cautiverio durante la guerra. La odisea de ese personaje de ficción se convierte, a su vez, en la propia odisea de Peter, en el motor de sus días, en el constante pulsar de sus pensamientos y de sus actos. Así es como inicia un recorrido que deriva en el postergado descubrimiento de su propio padre, un hombre de personalidad enigmática, que ha dedicado su vida a teorizar sobre el derecho para encontrar en el ámbito de ese tejido normativo las reglas que lo exoneren de la responsabilidad de sus actos. Allí, en ese discurso ajeno, Peter reconoce las huellas de su propio andar errante, y repone a través de éstas el camino que lo conduce al amor y al descubrimiento de sí mismo.
Con esta historia, atravesada por algunos elementos míticos, filosóficos y jurídicos, Schlink vuelve a demostrar una vez más cuánto puede enriquecer a un relato, que éste se deje contaminar por otros discursos. En El regreso, al igual que en El lector, Schlink hace uso de su dominio del conocimiento jurídico, pero no a través de la utilización purista del lenguaje técnico, sino como una ampliación del campo de batalla que, lejos de enturbiar o aligerar la trama novelesca, prolonga su horizonte de ideas expandiendo los bordes de lo ficcional. Un sabio manejo de saberes al que no cualquier escritor logra acceder.

Todo “regreso” alude siempre a dos acciones: la de dejar (o salir de) un lugar, y la de luego volver al mismo. Claro que en esa secuencia de acciones va de suya la posibilidad –casi certera– de se pueda perder algo de aquello que uno dejó atrás. De hecho, el vocablo mismo, cuyo origen proviene del derecho canónico, remite a “recuperar un beneficio que se había cedido o permutado”, todo lo cual implica necesariamente la pérdida mencionada, pero la posterior recuperación. Así resulta, entonces, que nuestros “Ulises”, a la vuelta de sus odiseas, terminan siempre recuperando algo más de lo que dejaron atrás, el amor de sus “Penélopes”, el trono de sus reinos y la experiencia de ya no ser los mismos sólo por el hecho de haberse animado a recorrer el difícil camino de volver a casa.

EL REGRESO
Bernhard Schlink
Editorial Anagrama
Bs As, 2007




 

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