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BIG LITTLE LIES, de David E. Kelley

MUJERES DE MONTERREY  | por Santiago García

La serie más prestigiosa de HBO durante el 2017 cuenta la historia de varias mujeres, sus parejas y sus hijos en la ciudad de Monterrey, al norte de California.



Hay libros, películas y series que caen en el momento adecuado y cargar sobre sus hombros el clima del momento. Algunas son brillantes, otras son malas, pero aun así son capaces de resumir las ideas del momento en el que se hicieron. ¿Pero no pasa eso acaso con todas las obras? En parte sí, claro, pero hablamos de ejemplos mucho más contundentes, que intencionalmente o no, son un resumen perfecto de esa coyuntura. Algunas obras quedan fechadas y el tiempo las deja en el olvido o las convierte en material valioso solo para historiadores. Otras trascienden más allá de su momento de impacto. Big Little Lies ganó muchos premios Emmy y se llevó cuatro Globos de oro convirtiéndose en una de las series más premiadas de la temporada. Aun le quedan muchos premios por delante. Ser premiados en este momento para las producciones norteamericanas de cine y televisión es un doble desafío. Por un lado deben caer en el arbitrario gusto y selección de todos los que otorgan premios, subiéndose a esa ola difícil de detener del puñado de elegidos de cada año. Pero por el otro, y acá entra lo que venimos diciendo desde el comienzo, pasar el filtro ideológico en uno de los momentos más complicados que ha atravesado la industria audiovisual norteamericana en toda su historia.

Big Little Lies podría haberse hecho en otro momento, no hay duda, de hecho David Kelley, su creador, tiene antecedentes de temáticas afines en su historia previa. Su seria más famosa, Ally McBeal, una comedia de abogados, comenzaba con ella sufriendo acoso sexual de un compañero. En aquella ocasión, rápidamente se hacía justicia. Este nueva serie (o miniserie para ser más exactos, más allá de que ahora tenga segunda temporada) estrenada en el 2017 posee los elementos ideológicos correctos para los tiempos que corren y carece de cualquier riesgo de caer en manos de la policía ideológica de la corrección política. Aun así, a no confiarse, seguramente algún reclamo se le hará, no tengan dudas. Dos párrafos hablando de todo aquello que rodea a la serie sin llegar todavía a la serie en sí misma, eso también es un signo de los tiempos.

La serie transcurre en Monterrey, un pueblo en el norte de California. Jane (Shailene Woodley) se ha mudado recientemente, es una madre soltera tratando de encontrar una nueva vida. Su hijo va a la misma escuela que los hijos de Celeste y Jane, dos mujeres que se harán amigas de Jane rápidamente. Madeline (Reese Witherspoon) tiene una personalidad fuerte y gran peso en la comunidad. Tiene una hija pequeña absolutamente genial con su actual marido y una hija adolescente de su primer matrimonio. La relación entre su esposo actual y el anterior es bastante tensa. Celeste (Nicole Kidman) es una abogada que ya no ejerce y se dedica a su matrimonio y a sus dos hijos gemelos. La relación entre ambos no termina de definirse como sadomasoquista o violencia de género. Parte del suspenso de la serie consiste en ir descubriendo eso.

Las tres amigas viven en una comunidad pequeña en la que, desde el inicio de la serie, sabemos que ha ocurrido un asesinato. Toda la serie es un flashback para llegar a ese momento enigmático, ya que no sabemos quién ha muerto. Mientras vamos conociendo las historias de estas mujeres y su entorno, también aparecen declaraciones de los vecinos y padres del colegio al que concurren todos los niños, estas declaraciones son en la jefatura de policía. En ninguna aparecen las protagonistas. El primer conflicto que surge es porque la hija de Renata (Laura Dern) acusa al hijo de Jane de estar molestándola en el colegio. El niño dice que es mentira pero la acusación pesa más que la verdad. No es menor este detalle para sutilmente deslizar el peligro de una caza de brujas, algo que está viviendo actualmente la sociedad norteamericana. Todos los temas de la serie exponen, de forma compleja, distintos conflictos de género dentro del enigma central de saber quien ha muerto.

Los siete episodios de Big Little Lies tiene una potente unidad dramática, elenco es particularmente sólido y lleno de grandes nombres, lo que por supuesto es una base para una calidad por encima de la media. Y más allá de la coyuntura, la variedad de personajes y la facilidad para pasar del drama a la comedia, la serie consigue subir poco a poco su intensidad. Es verdad que es muy previsible el final, pero no la forma en la que ese final se obtiene. Si la corrección política es lo que le ha permitido ganar premios, eso se perderá en la historia, pero su construcción dramática a partir de personajes femeninos funciona perfectamente. Los personajes de Big Little Lies son emocionantes y generan empatía. Y para los atemorizados espectadores preocupados por el feminismo, queda claro que una serie protagonizada por mujeres no es contra los hombres. Los personajes masculinos son en su mayoría positivos, complejos y humanos. Una reflexión más profunda de la serie es pensar que en toda comunidad hay un lobo feroz, un monstruo, un enemigo de la civilización, y más allá del género ese es el que impide el funcionamiento sano de una sociedad.





 

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