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LAS HORAS MÁS OSCURAS, de Joe Wright

NUNCA NOS RENDIREMOS | por Santiago García

En pleno avance de las tropas nazis por toda Europa Occidental, cuando la amenaza de invasión es inminente, Churchill tendrá que elegir entre luchar contra Hitler o aceptar el acuerdo de paz que este le ofrece pactar.



El plan de Las horas más oscuras es muy sencillo: realizar el retrato de Winston Churchill en un momento clave de la historia de la humanidad. Tan simple como ambicioso. En lugar de intentar contar la vida completa del prócer, prefiere acotar el drama al momento culminante de una decisión que cambiaría el curso del mundo. El primer acierto es ese, no querer extender el relato. Empezar con el drama ya comenzado y abandonarlo cuando aún queda mucho por delante. Como en las grandes películas del período clásico, Las horas más oscuras brilla por evitarnos infancia, vejez o las muchas otras historias maravillosas que tuvo la vida de uno de las máximas figuras del siglo XX.

El segundo acierto es evitar la solemnidad acartonada de las películas biográficas. Y no se trata de poner chistes en el guión, para nada, los chistes no se oponen a la solemnidad, lo que se opone es el sentido del humor, del entretenimiento, de la ligereza visual. Joe Wright, director de Orgullo y prejuicio (2005), Expiación, deseo y pecado (2007) y Anna Karenina (2012) elige un estilo visual que nunca se acartona, que disfruta con el movimiento de cámara y el montaje veloz, que elige evitar el naturalismo sin que eso vuelva a su película artificial o le quite drama. Algunas escenas, más simbólicas que históricas, producen un nivel de emoción nacido de las herramientas del cine y no del manual más básico de historia.

Y el tercer acierto es sin duda alguna la actuación de Gary Oldman. Al igual que el director, al igual que todo el film, Oldman no busca mimetizarse con Churchill. El maquillaje se encarga del parecido físico, pero Oldman intenta –y consigue- construir un personaje auténtico, propio. No sé hasta qué punto se parece al original, pero sí que es un ser humano cuya personalidad y acciones se entienden en toda su complejidad y profundidad. Siempre se puede ver la mirada del actor, nunca desaparece por completo, nunca es Churchill, tampoco es Oldman, es una construcción artística. Espero que los espectadores puedan apreciar la diferencia entre esta interpretación y las habituales imitaciones torpes ganadoras de premios.

Winston Churchill y su ascenso a primer ministro, su lucha por no pactar con el monstruo nazi que amenazaba al planeta y el pueblo y el parlamento que lo apoyó al final, son los héroes de estar enorme historia que ahora también es una gran película. Para quienes vieron Dunkerque, de Christopher Nolan, Las horas más oscuras es un perfecto doble programa, y si no la vieron, pueden hacerlo después de disfrutar esta película. Ambas captan, de manera muy distinta, el momento de mayor solidaridad y coraje de un país y sus líderes.





 

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