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HOWARD HAWKS, de Francisco Perales

EL GRAN PROFESIONAL | por Santiago García

La obra de Howard Hawks puede –en la actualidad– resultar desconocida para los espectadores más jóvenes, sin embargo, es objeto de estudio y gran admiración entre críticos, historiadores y cineastas. Los rastros de su obra son tan visibles en el cine contemporáneo universal que su herencia aún hoy se conserva viva. Este libro consigue reunir toda la información básica disponible sobre el director y recuperar las opiniones de los más grandes estudiosos de su cine. Un excelente comienzo para disfrutar de la filmografía de uno de los realizadores más talentosos y divertidos de todos los tiempos.



“Pienso que los mejores westerns son, al fin y al cabo, aquellos que llevan la firma de un gran hombre. Digo esto porque amo el cine, porque creo que no es fruto del azar sino del arte y del ingenio de los hombres, porque creo que no se puede amar realmente ninguna película si no se aman profundamente las de Howard Hawks”.
Eric Rohmer

Fue en 1953, a propósito del estreno de Sangre en el río, que Eric Rohmer publicó en Cahiers du cinema una crítica que contenía esta maravillosa frase, tal vez uno de los elogios más significativos que un crítico le haya hecho a un cineasta. Pero lo más emocionante y movilizador de esta cita es que la misma es cierta, ya que no hay cineasta más puro y exclusivamente cinematográfico que Howard Hawks. Todas sus películas forman un corpus sólido y coherente como pocos cineastas han conseguido construir a lo largo de toda la historia del cine. Divertidas y luminosas, dan cuenta de una clara mirada del mundo, que no es otra cosa que la marca personal de un autor. Su estilo irónicamente se caracteriza por una presencia casi invisible desde la puesta en escena, una auténtica sobriedad que genera en los espectadores la sensación de estar viendo una historia que parece no haber sido dirigida por nadie, sino que fluye sola. Lo que se dice “clasicismo puro”. La paradojal consecuencia de esto es que sus films no lograron ser valorados como se merecían hasta la década del 50 en la que los críticos franceses develaron aquello que hoy nos resulta obvio: que Howard Hawks es uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos, quizás, su mejor representante.

El libro de Francisco Perales –publicado por Cátedra, dentro de su colección dedicada a cineastas– es un verdadero hallazgo tanto para los que conocen la obra de Hawks como para los que recién se acercan a su cine. En principio, porque escribir un libro sobre este director es –en la actualidad– una tarea compleja, ya que mucho se ha escrito al respecto. Como lo indica el citado texto de Eric Rohmer y otros tantos signados por prestigiosas firmas. Fue también en Cahiers du cinema en donde otro crítico –luego devenido en cineasta–, Jacques Rivette, escribió en 1953 otro artículo legendario sobre Howard Hawks. Robin Wood es otro de los que estudió al director en profundidad –tal vez el que más en profundidad lo hizo–, al igual que Joseph McBride y otro crítico/cineasta, Peter Bogdanovich. Andrew Sarris también supo interpretar a Hawks. Y los nombres siguen, incluido Quim Casas, entre los que escriben en castellano. Por eso es más que una buena noticia saber que en su estudio de Howard Hawks, Francisco Perales da cuenta de todos ellos, los cita y transcribe fragmentos de sus textos. Esta labor hace del libro un excelente compendio de ideas, una suma de todo lo expresado hasta el momento sobre Hawks. El libro, metódico y transparente, incluye material biográfico, un análisis del universo hawksiano, de sus personajes y de la forma de filmar del realizador. Contiene también una meticulosa lista de fichas técnicas, sinopsis y análisis de todas y cada una de sus películas. Francisco Perales es consciente de que por más citas que realice, hay ciertos conocimientos sobre el director que parecen flotar en el aire y que, aunque ya lo hayan escrito otros, es válido tomarlos como propios. Al mismo tiempo, el autor da cuenta de las diferencias con autores anteriores y conversa con sus textos, los discute o los refuta, generando una pluralidad de voces y puntos de vista por demás enriquecedores.

Howard Hawks es un cineasta tan importante para la historia del cine mundial que si obviáramos su filmografía, la historia se caería a pedazos. Empezó con el oficio en la década del 20, pero aun así se convirtió, por mérito propio, en uno de los pioneros del lenguaje cinematográfico. Entendió, como pocos en Hollywood –su único paralelo siempre fue John Ford–, que había que contar historias y hacerlo de la mejor forma posible. Depuró y reinventó el estilo narrativo que hoy todos conocemos como estilo clásico: el montaje invisible, la actuación sobria, el punto de vista, el ritmo. Hoy todos los realizadores abrevan en los films de Howard Hawks, desde el propio Ford, pasando por Eric Rohmer hasta los cineastas actuales. Sus films fueron obras maestras fundacionales en todos los géneros o culminaciones de los mismos. La comedia de la vida, La adorable revoltosa o Ayuno de amor figuran, con razón, entre las comedias más importantes y divertidas de todos los tiempos. Scarface, en 1932, hizo madurar de un golpe al cine de gángsters y no es necesario aclarar cuál es su importancia en la actualidad. Descubrió y lanzó la pareja Bogart-Bacall en Tener y no tener y en Al borde del abismo los llevó a los límites del film noir. Con un puñado de westerns llevó al género a donde nadie lo había llevado con Río Rojo, Río Bravo y El Dorado, consideradas las tres como obras maestras de la historia del cine. En el ámbito del musical le dio a al mundo el famoso número de Marilyn Monroe con los diamantes, y en el cine de aventuras creó títulos tan significativos como Sólo los ángeles tienen alas y Hatari!
Su contribución también se dio a nivel temático, su mirada sobre lo amistad y la defensa del profesionalismo son sinónimos de su cine no importa en que película hoy lo descubramos. El concepto mujer “hawksiana” también ha sido incorporado al lenguaje cinéfilo para referirse a las mujeres de carácter fuerte, que suelen tomar la iniciativa y participar de algún riesgo codo a codo con los hombres. La amistad de Howard Hawks con Ernest Hemingway y William Faulkner mostró su costado intelectual más allá de la franqueza simple con la que sus films se relacionaban con el público. Retomemos la frase de Rohmer con la que abrimos la nota –y obviamente citada en el libro–, está claro que Hawks tiene un vínculo directo con las imágenes en movimiento y que su fuerza radica justamente en su manera recta y amable de contar historias. Su complejidad, su profunda reflexión sobre la existencia están acompañadas por un perfecto uso de las herramientas cinematográficas. Como todo un artista profesional, Hawks hizo su trabajo callado y con absoluta efectividad. No se puede amar realmente una película si no se ama profundamente las de Howard Hawks.

HOWARD HAWKS
Francisco Perales
Editorial: Cátedra (Signo e Imagen/Cineastas)
España, 200




 

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