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ANIMAL, de Armando Bó

SOLO FRENTE AL MUNDO | por Santiago García

Nueva película de Armando Bó (El último Elvis) que cuenta la historia de un hombre común enfrentando a un dilema que cambiará su vida.



Un hombre de clase media tiene su vida encaminada, ha construido una familia, tiene un hogar, un buen trabajo, tiene ahorros y todo fluye en una tranquila armonía. Un largo plano secuencia arma una danza al comienzo de la película marcando que todo está coordinado, arreglado, como una coreografía sin mayores sobresaltos. Al final de ese largo plano, sin embargo, nos enfrentamos a la inmensidad del océano, ingobernable, inasible, más allá del control. Ese hombre se derrumba, algo fuera de su control aparece, el cuerpo le falla. Su mundo se derrumba. Lo único que importa es estar vivo, cuando eso está en riesgo, todo lo demás pasa a un segundo plano. En esas circunstancias puede perderse todo lo humano y quedar solo lo animal. Al menos eso es lo que aparece en la nueva película de Armando Bó.

Antonio (Guillermo Francella) no merece la suerte que le ha tocado. Vive haciéndose diálisis para vivir y si no consigue un trasplante pronto, su vida terminará. De pronto está viendo a la muerte cara a cara, a la vez que se da cuenta que no hay ni justicia ni orden en el mundo. Está desesperado. Su única esperanza tangible, nada menos que su hijo, no se la juega por él tampoco. Tiene todo un mundo, pero a la hora de la verdad siente que está solo.

Ojalá que fuera tan fácil, me encantaría irme a dormir, soñar que alguien me da un riñón nuevo y levantarme curado” dice el protagonista. Se duerme y lo que sigue puede o no puede ser el producto de ese sueño, de esa fantasía. Cuando se pierde el control absoluto, cuando el deseo de controlar el mundo se desvanece, queda la posibilidad de soñar que todo sale bien. Empezará entonces un derrotero para conseguir un trasplante como sea. El hombre común metido en una historia extraordinaria. Un cuento clásico que siempre funciona. Como en esos angustiantes films de la década del setenta, como en las más conocidas películas de Hitchcock, como en infinidad de relatos que hemos visto mil veces pero nunca no cansamos de mirar.

Animal se apoya en esa angustia, se centra en el sueño de poder tomar el control de manera salvaje e instintiva de aquello que la razón y la civilización ya no puede darnos. Si es real o solo una expresión de deseo, no lo sabemos, la película funciona igual. Con un negrísimo sentido del humor, con varios personajes secundarios brillantes, la tensión acompaña a todo este relato de una potencia absoluta y visceral. El peso de toda la historia cae sobre el actor principal y él, el más cotidiano de los seres cotidianos, responde con grandeza.





 

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