Hay un capítulo de Padre de familia donde el protagonista, Peter Griffin, está en la cocina de su casa disfrutando un bol de cereal con leche y disfrutando de su sabor. Su esposa Lois lo ve y le dice: ¡y es bueno para vos! Entonces Peter, con asco, empuja el bol y lo tira de la mesa. Algo así pasa con Flow (Straume, Letonia, 2024), una excelente película de animación llena de méritos, visualmente bella y muy entretenida. Cuando empiezan a decir que la película es valiosa o tiene una gran denuncia, entonces todo el encanto se pierde y se vuelve menos simpática de lo que originalmente parecía. Ignoremos el valor político, la denuncia ecológica y las advertencias que se supone les hace a los espectadores. Disfrutemos de esta maravilla narrativa sin diálogos que crean escenas inolvidables.
El protagonista de esta película de animación es un gato solitario que se despierta en un mundo donde el agua amenaza con taparlo todo. Los humanos han desaparecido y él deberá abandonar su lugar para lograr sobrevivir. Pronto se cruzará con otros animales, con quienes tendrá enfrentamientos, pero también conformará un grupo que se las ingeniará para seguir unidos frente a la adversidad. La historia, por estar protagonizada por animales que no son de Disney, ni de Pixar, ni de Dreamworks ni de ningún estudio de Hollywood, no tiene diálogos. Los animales no son antropomórficos y, más allá de algunas licencias poéticas, son verdaderos animales. Un dato importante para renunciar al afán de denuncia que se le quiere endilgar a la película, es que encuentra los detalles justos para carecer de cualquier realismo, aun cuando los animales se ven creíbles y verdaderos.
Flow es una película de una belleza abrumadora, poseedora también de una poesía equilibrada por el humor y la aventura. La brillantez de su director consiste en aunar todos estos elementos y quitarle el peso de toda la historia a uno de ellos. El equilibrio narrativo es notable. Flow es una de las grandes películas de aventuras del siglo XXI, en muchos aspectos la mejor. Su espíritu aventurero, su fe en los seres vivos, qué aunque sean todos animales son al mismo tiempo humanos y su confianza en que la unión es la única forma de supervivencia la hace también una película profundamente humanista, incluso cuando no haya humanos. Y sí, los animales desde el gato protagonista al maravilloso carpincho, todos son adorables e inolvidables. Es lindo ver cine de animación complejo y profundo, hecho para todo público, sin subestimar a los espectadores ni tirarle los lugares comunes del género. Una saludable rareza.