El terrorismo árabe y sus cómplices occidentales, y sus atentados contra los judíos en general y el estado de Israel en particular son un tema en el presente y lo han sido desde hace décadas. Uno de los eventos más trágicos que marcaron esta historia de atrocidades fue lo que se conoció como la Masacre de Múnich, ocurrida en los Juegos Olímpicos de Múnich, Alemania, en el año 1972. El 5 de septiembre un grupo de terroristas irrumpió en los departamentos de la villa Olímpica donde estaban los atletas israelíes y los tomaron de rehenes pidiendo la liberación de terroristas para liberarlos. Las cosas ocurrieron de forma rápida, durante el desarrollo de los JJOO y los únicos que estaban disponibles para transmitir los acontecimientos eran los miembros del equipo de periodistas americanos de la cadena ABC. Sin tener experiencia como corresponsales políticos, decidieron seguir adelante con todo lo que tenían a su mano, contrarreloj y dándole imágenes a uno de los momentos más oscuros de la historia.
La Masacre de Múnich fue contada en 1976 con el telefilm (en algunos lugares llegó a los cines) 21 horas en Múnich, protagonizada por William Holden, Shirley Knight y Franco Nero. En 1999 se estrenó el documental Un día en septiembre, que ganó el Oscar en esa categoría y en el año 2005 Steven Spielberg dirigió Múnich, qué cuenta la historia de la Operación Cólera de Dios, llevada adelante por el Mossad, para matar a los responsables del atentado de los Juegos de 1972. Pero esta vez el director suizo Tim Fehlbaum decidió contar todo desde el punto de vista del equipo televisivo y el lugar desde donde transmitían, a cien metros de los eventos centrales.
El reducir estos eventos históricos a un afuera que se ve poco da la película un enorme suspenso. El director tiene todo el material que salió al aire originalmente, por lo que se pudo recrear perfectamente lo que lograban registrar y transmitir, con la tecnología de 1972, los integrantes del equipo de ABC. Con un dilema moral tras otro, intentando esquivar la burocracia y las comprensibles limitaciones de movimiento, ellos fueron capaces de estar presentes en uno de esos momentos de la historia que no se borran fácilmente Tanto en la reconstrucción de la forma en la que se hacía televisión en aquel momento, así como también en lo terrible que fue presenciar algo así, la película es atrapante. En época de películas importantes de más de dos horas, que una dure menos de cien minutos demuestra que un buen ajuste en el montaje produce largometrajes que no pueden dejar de verse. Nada parece haber cambiado demasiado desde 1972. Los Juegos Olímpicos no se suspendieron, Alemania, presa de la culpa por el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial, fue incapaz de controlar la amenaza árabe al no colocar seguridad y la única forma de periodismo digna sigue siendo mostrar lo que muchos no quieren que se muestre. Septiembre 5 es triste y emocionante a la vez.