Peliculas

Una película de Minecraft

De: Jared Hess

Una película de Minecraft es una desgracia narrativa que tiene diez minutos iniciales capaces de expulsar al más tolerante de los espectadores. Es la prueba más evidente de que no supieron cómo armar una historia e intentaron acelerar todo lo posible el relato. No es veloz, no es divertido, es emparchado a las apuradas. Es un prólogo para que los que nunca jugaron el videojuego Minecraft tengan un par de pistas y no se sientan perdidos en la trama. No sirve para nada. Los que saben, no lo necesitan, los que no tienen idea sólo confirmarán que se equivocaron de película. Todo está cortado como resumen de telenovela y Jack Black demuestra que no está verdaderamente conectado con la historia. Ni con toda su simpatía es capaz de conectarnos con lo que va a venir.

Llevar Minecraft al cine parece ser uno de esos proyectos insólitos de los que cualquiera se hubiera burlado décadas atrás y que ahora se han vuelto moneda corriente. Si hay películas de Emojis, todo puede ocurrir. Es cierto, se puede hacer una buena película con cualquier cosa, pero hay que hacerla, no sólo tener la idea absurda. El esfuerzo titánico de darle una narración vuelve a Una película de Minecraft es una pesadilla de guión. Los cuatro protagonistas son Garrett “El Basurero” Garrison (Jason Momoa), un fracasado ex campeón de videojuegos, Henry (Sebastian Hansen) y Natalie (Emma Myers), dos hermanos que han perdido a su madre y buscan instalarse en su nuevo hogar y Dawn (Danielle Brooks), cuyo personaje no es justifica demasiado, pero llena el cupo racial. Y claro, el personaje más importante, que luego del prólogo tarda en aparecer, Steve (Jack Black), obsesionado por el mundo de la minería y atrapado en el inframundo desde tiempo atrás. Los cuatro protagonistas encontrarán un portal al mundo Minecraft y allí terminarán luchando junto a Steve. Los mundos de Minecraft y el mundo real serán el lugar donde transcurrirá esta historia de interés nulo.

 Los expertos en el juego descubrirán todo lo bueno y malo que hay en la película, el resto sólo podrá inferirlo cada vez que algo que no tiene sentido ni gracia alguna aparece en la historia. Película no hay. No hay un solo chiste bueno hasta los últimos cinco minutos, donde producto de la alegría del final de esta pesadilla, los guionistas y los espectadores tienen una actitud más optimista y abierta a los chistes. Además de todo, la película se resguarda en el cinismo de burlarse de las ideas más razonables que podría expresar el relato. Todo es sin corazón y sin compromiso. Es un milagro terminar de ver la película, porque lo más lógico sería irse del cine. Pero las cerezas del postre son usar a Jennifer Coolidge para que por enésima vez haga su papel de mujer ansiosa de pasión y meter algunos chistes forzados con respecto eso y creer que dos minutos de imitación de Escuela de rock justo al final de la película nos van a hacer olvidar la pesadilla que acabamos de atravesar. Una película de Minecraft podría haber sido una divertida comedia absurda, pero es un calvario narrativo como pocas veces se ha visto, incluso en el dañado cine actual.