Merced (Mercy, Estados Unidos, 2023) es una película clase B de calidad muy baja. Es uno de esos títulos donde actores en decadencia consiguen un trabajo rápido y seguro que les permite o bien ganar el dinero que les falta o bien mantenerlos activos en la profesión que tanto les gusta. Acá vemos como Jonathan Rhys Meyers ha dejado atrás su momento de esplendor, aquel que obtuvo de la mano del gran Woody Allen en la película Match Point (2004). También está Jon Voight, veterana leyenda, protagonista de películas como Perdidos en la noche (1969), Regreso sin gloria (1978), Escape en tren (1985), Fuego contra fuego (1995) y Misión: Imposible (1996) entre muchas otras. Sin embargo, la verdadera protagonista es Leah Gibson, quien interpreta a Michelle, una militar de elite y doctora que se ha retirado del ejército y ahora trabaja como cirujana de emergencias. Viuda y con un solo hijo, Michelle ha dejado de lado su condición de soldado de elite para darle prioridad al cuidado de la gente. Todo cambiará cuando integrantes de la mafia irlandesa irrumpa en el hospital e intenten rearmar su banda al mismo tiempo que destruyen todo a su paso.
La película es de mediocre para abajo, con varios momentos francamente bochornosos y otros más razonables. Es posible que los bochornosos eleven la calidad de los que no son tan malos, al menos en comparación. Lo qué sí queda muy claro es que se trata de la enésima variación de la estructura de Duro de matar (Die Hard, 1988) dirigida por John McTiernan y protagonizada por Bruce Willis. Todos amamos ese clásico, pero también es hora de valorar hasta qué punto es una de las películas más influyentes de los últimos cuarenta años. Merced va al casillero Duro de matar en un hospital con protagonista mujer. Se anota en la lista y no se la vuelve a ver nunca más en vida.